“Y en las noches de luna llena se convertía en una bestia tan feroz que todo a su paso moría, las flores se marchitaban aplastadas por sus negras zarpas, las aguas se emponzoñaban sin dejar nacer la vida y los gritos de sus víctimas se oían como señal de su trágico destino”

Esta podía ser una de las escenas contadas por cualquier lugareño en una pequeña aldea de la Galicia de no hace tanto tiempo, lugares preñados de historias y leyendas sobre el lobisome, una criatura con forma de lobo pero que en realidad guardaba una furia desmedida, ya que no era un simple animal sino el engendro de una vieja maldición por la que los hombres se transformaban en bestias iracundas. ¿Existió este ser en alguna ocasión o simplemente es fruto del miedo a los lobos que generan historias para cuidarse de sus peligros? Aunque la respuesta parece bastante obvia, les invitamos a que conozcan al protagonista de este artículo para que luego juzguen si la bestia humana puede superar a cualquier monstruo creado por nuestra imaginación, les presentamos a:

Manuel Blanco Romasanta

Nacido en Regueiro provincia de Orense en 1809, desde los primeros tiempos de su vida ya tenemos un dato curioso, es bautizado como Manuela ya que se pensaba que era mujer, cosa que con el tiempo cambia y desarrolla su sexualidad como varón. Ya con identidad masculina su descripción nos presenta a una persona casi angelical de ojos claros y pelo rubio, alcanzado tan sólo en edad adulta la estatura de 1,37 metros. Podrá obtener los estudios suficientes para saber leer y escribir, cosa que rentabilizará en su futuro. Comienza a trabajar en un telar de un tío suyo y se casa aunque su matrimonio se trunca a los tres años por la muerte de su esposa sin dejar descendencia alguna. Mucho se ha hablado de esta primera muerte aunque parece ser que Manuel no tuvo nada que ver con ella. Tras este mazazo la vida le cambia en soledad para convertirse en buhonero, una profesión que consistía en ir de un lugar a otro vendiendo todo tipo de artículos, casi nunca de primera necesidad. Esta actividad la complementa con el trabajo de escribir y hacer llegar cartas, ya que su movilidad le convertía en un auténtico hombre correo que podía comunicar varias aldeas y pueblos distantes entre sí. Aquí destaca un  detalle decisivo para desentrañar parte del misterio que rodea a Romasanta, y es que uno de los productos mejor vendidos consistía en jabones que servían prácticamente para todo, siendo un remedio cuasi milagroso que los lugareños adquirían como un remedio a sus dolencias.

En esta época es cuando nuestro protagonista comete el primer asesinato, ahora sí con total seguridad achacado a su persona, el de un alguacil de la zona  que por una disputa no resuelta y generando un odio visceral, le lleva a matar a este hombre siendo perseguido por ello. Conocido el crimen se le cita para que acuda al juzgado pero al no presentarse, se le declara en rebeldía, comienza con esto la caza al buhonero gallego.

Manuel Blanco Romasanta

Esta circunstancia le obliga más si cabe a llevar una vida nómada y sobre todo cambiar de escenarios por la posibilidad de que fuera detenido, así amplía su campo de actuación y parece ser que es cuando esta historia se tiñe de rojo sangre comenzando con una serie de asesinatos en serie.  La escena que se repetiría mucho a partir de ese momento es sencilla, Manuel acompañaba a mujeres y niños que querían llegar a otros pueblos o a las capitales gallegas y tenían que internarse por densos bosques que nadie o casi nadie se había atrevido a transitar, un miedo a lo desconocido que le daba ventaja para actuar con libertad absoluta, como si el bosque fuese el escenario de un cuento pero un final oscuro y tenebroso. Y así fue, hubo desapariciones, las personas nunca llegaban, pero los mensajes sí, aquellas cartas que tranquilizaban a los familiares le daban de nuevo al asesino la ventaja suficiente para ganar tiempo, aunque sabemos que al final hasta el más precavido de los asesinos comete siempre algún error. En aquellos pueblos aislados que Romasanta visitaba, uno de los artículos que más vendía era la ropa, ropa y objetos personales de sus víctimas, algo más que “cosas” ya que algunas de ellas fueron reconocidas sabiendo que ya existía una historia de desconfianza alrededor de este personaje. Las piezas comenzaron a cuadrar, y ese margen de tiempo y espacio que había tenido era cada vez más pequeño, el cerco se estrechaba, su fama de buhonero que era en realidad un prófugo de la justicia hacía que las sospechas fueran cada vez más pesadas cayendo sobre él la acusación de la desaparición de esas personas que un día acompañó. Así acorralado como una bestia se tuvo que sentir Romasanta que huye a tierras castellanas donde en unos trabajos de siega, uno de sus antiguos vecinos le reconoce y da la voz de alarma, fue en Nombela provincia de Toledo, donde se le dará caza definitiva. Llevado a la localidad de Escalona ya como reo de la justicia se hará un largo viaje hasta Allariz, población gallega donde se realizará uno de los juicios más interesantes de la historia de España. En 1853 se le juzga por la desaparición de varias personas y a sabiendas de que existían pruebas de peso, más antecedentes contra él, mueve ficha en un giro de guion realmente inesperado. Manuel Blanco Romasanta admite haber matado a doce personas en esos viajes pero lo admite aludiendo como eximente que es víctima de una maldición, un “meigallo” como decían en su tierra, y por ello en las noche de luna llena, se convertía en lobo para cometer los crímenes más atroces, acompañado a veces de otros lobos que también poseían su misma condición. Un reguero de sangre caía de las fauces de la superstición más arcaica de Galicia. Increíble sí, pero tan cierto como que su defensa tuvo a un médico francés especializado en hipnosis llamado Philips, que alude a un problema psiquiátrico real para explicar dicho comportamiento criminal. Se conoce como licantropía la enfermedad por la cual la persona que la sufre cree realmente que su fisionomía puede cambiar generalmente a lobo, y con esta forma llegar a cometer actos violentos de los que no sería responsable por enajenación mental transitoria.  Ciencia y creencia como vemos en un maridaje que en última instancia favorece a nuestro protagonista, ya que de una sentencia firme con pena capital por considerarle totalmente responsable, la sentencia cambiará a cadena perpetua una vez se lleva el caso por su defensa a altas instancias judiciales llegando hasta la mismísima reina Isabel II. Fueron muchos los medios de comunicación que se hicieron eco de esta rocambolesca historia donde asesinatos, leyendas y maldiciones nos hacen ver cómo la España mágica se abre paso en pleno siglo XIX.

Por si todo esto fuera poco, y una vez investigado el caso con más detenimiento por expertos que aun al día de hoy siguen publicando datos nuevos, parece ser que la causa criminal que movía a Romasanta lejos de ser una maldición, era la codicia, una codicia que tenía como mercancía la grasa humana, sus víctimas eran tratadas como materia prima para vender su grasa corporal y así conseguir un negocio de pingues beneficios, un siniestro mercado que en la época pagaba buenos dineros por estas sustancias, luego convertidas en jabones o ungüentos.

Una historia alucinante que ha dejado una estela de trabajos interesantes en la literatura, el periodismo o incluso el cine, pero que conecta con claves muy profundas del terror cuando la bestia es o al menos tiene, forma humana. Una aventura de la España mágica que escribe sus capítulos haciendo una vez más de la máxima “la realidad supera a la ficción” una verdad contundente que no deja de estremecernos siempre que escuchamos en las espesuras de un  bosque gallego, los aullidos de este hombre lobo de Allariz.

Carteleras películas

El castro celta de Ulaca es uno de los más emblemáticos asentamientos de la Hispania Céltica que hoy podemos visitar. Ubicado en la sierra de la Paramera, en el valle de Amblés, cerca de la ciudad de Ávila, es por su tamaño, la fuerza y personalidad de su paisaje y enclave, y los restos arqueológicos que atesora, un lugar a reseñar en la geografía mágica de España.

Vinculado a los celtas vetones, que ocuparon las tierras de la actual provincia de Ávila, pero también amplias áreas de Salamanca, Cáceres, y parte del Toledo mágico, es un claro ejemplo de los poblamientos célticos del interior de España. A mitad de camino entre la cultura propiamente castreña del noroeste, y las ciudades celtibéricas del noreste de la Meseta, en tierras de la actual Soria. Con Numancia a la cabeza.

En todo caso lo más emblemático de Ulaca será su altar ruprestre y los restos que quedan de su sauna iniciática, asociada a la fratrías guerreras del mundo céltico. Un altar de sacrificios excavado en la roca, y una sauna de iniciación guerrera donde a base de baños de vapor y el calor más extremo, los neófitos superarían las pruebas de purificación, resistencia, y valor que los hacía merecedores de ingresar en las hermandades guerreras de la comunidad.

El altar, en el que aparte de ganado, se harían sacrificios humanos de prisioneros de guerra; conserva los escalones que ascendían a lo alto de la roca así como las cazoletas donde la sangre de las víctimas sería recogida y ofrecida a los dioses. A día de hoy, de la grieta que se abre en lo alto del altar, ha surgido un pequeño roble. Árbol sagrado en la tradición celta y que a modo de símbolo del pasado espiritual del lugar, parece haber tomado arraigo en el antiguo altar de sacrificios, como recuerdo de sus antiguos habitantes.

La sauna iniciática, y con esto queremos decir, vinculada a las prácticas rituales mediante las cuales los neófitos superarían temores y apegos, y despertarían por decirlo así, a su “fuerza interior”. A un estado del alma desapegado y más allá del miedo a la vida o la muerte, listo para la guerra, será un enclave apasionante no ya para los estudiosos de la Hispania Céltica, sino en general para cualquier estudioso del mundo de la Tradición.

La práctica ritual vinculada a los baños de vapor, a la idea de purificación mediante el calor, incluso en ocasiones referida al calor extremo y a la imperturbabilidad ante éste, es práctica conocida en no pocas sociedades guerreras del mundo premoderno. Y es ahí donde debe ubicarse la interesante sauna castreña que encontramos en Ulaca.

Los jóvenes de la comunidad, aspirantes a empuñar la lanza y el escudo, en nombre de su gente y bajo la égida de los dioses de la guerra,  deberían enfrentarse a distintas pruebas iniciáticas mediante las cuales, su edad bisoña y tierna, debía quedar atrás. Para alumbrar entonces una hombría superior, hecha de presencia de ánimo y coraje, de valor sin tacha y desapegado, más allá de toda dificultad o temor mundano.

A pesar del paso de los siglos, la sauna castreña de Ulaca conserva aún parte de su estructura origial e impresiona llegar allí y poder sentarse en el mismo banco de piedra, en el que se sentaron los jóvenes iniciados en la magia guerrera de las mannerbünde

Es como acercarse a las ruinas todavía evocadoras de las culturas heroicas y de pensamiento mágico que en la Edad del Bronce y sobre todo en la Edad del Hierro, dieron lugar a la Europa de los Bárbaros. De celtas y germanos. De vetones, arévacos, y lusitanos. De Viriato o de los guerreros cántabros…

Un enclave así imprescindible, en la geografía mágica de España.   

Cuenta la leyenda que un misterioso gato negro se acerca todas las noches al templo de Debod, y a modo de guardián, ronda por los alrededores y el interior del templo en actitud de vigilancia. Hay quien dice que es el alma encarnada de un antiguo sacerdote de la gran Madre egipcia Isis. Diosa suprema de la tierra de los faraones tras cuyo velo, la tradición esotérica nos ha indicado que se encontraría el secreto de la Inmortalidad.  Gatos Negros, Diosas Madre, mitologías egipcias… Lo importante es que el templo de Debod no es un edificio cualquiera, es un portal que puede llevarnos a las entrañas del misterio que habita en Madrid…

En un pequeño cerro, llamado en otra época Montaña del Principe Pío, con maravillosas vistas desde las que ver atardecer, de nuevo lo insólito nos asalta, y nos encontramos las formas siempre evocadoras del Antiguo Egipto…

El templo de Debod se encuentra en un lugar de Madrid en el que la muerte ha hecho acto de presencia con reiteración. Aquí estuvo ubicado antaño el cuartel de la Montaña, donde feroces luchas se desataron durante la Guerra Civil. Y algo  más de un siglo antes, este fue el escenario de los cruentos fusilamientos del 2 de Mayo, con los que estalló definitivamente la Guerra de la Independencia.

El estrepitoso ruido de la batalla y los agónicos gritos de los fusilados, contrastan sobremanera con la mágica serenidad que exhala el Templo de Debod.

De una antigüedad de 2200 años, este Templo fue dedicado a Amón-Ra e Isis, y traído desde la lejana tierra de los faraones piedra a piedra.

El misterio y la magia parece que anidan en este lugar en el que viejos arquetipos despiertan de nuevo a la conciencia…

Las apariciones de ese gato negro que rondaría el templo, nos hablan de lo arcano y la brujería pues en la Edad Media europea, se creía que los gatos negros eran brujas transformadas, por lo que se los perseguía para matarlos. Se dice incluso que la peste tuvo su espectacular expansión porque no había gatos para acabar con las ratas portadoras de la enfermedad.

En Egipto, por el contrario, el gato era un animal sagrado. Matar uno era castigado con la muerte. Cuando fallecía el animal era embalsamado y los dueños se afeitaban las cejas en señal de duelo.

Así mismo los celtas pensaban que los ojos de los gatos, constituían entradas al reino de las hadas… 

El templo de Debod, llegó hasta España gracias a un decreto de 1968 por el que el presidente Nasser, lo cedió a nuestro país en agradecimiento por nuestra ayuda en la campaña organizada por la Unesco para salvar los templos de Nubia que iban a ser anegados por la impresionante presa de Assuán.

Se trajo a Madrid pieza a pieza en 1970, dotándole de una orientación solar análoga a la que propiamente tenía el templo en Egipto.

Debemos saber que “Debod” en lengua egipcia significa “el Templo”, y que éste que tenemos frente a nosotros, estuvo consagrado a la gran diosa Madre del mundo Egipcio: Isis y fue una de las paradas esenciales en la antigua ruta de peregrinación camino del santuario de la diosa en la isla de Filé.

Según la tradición egipcia, Isis, habría sentido los dolores del parto que anunciaban el nacimiento de Horus en este templo de Debod.

Pero detengámonos en esta imagen de Gran Diosa Egipcia, Isis, Diosa negra como el limo negro del Nilo, señora de la fertilidad, madre del vengador Horus, y ama de la Magia y lo Oculto… Esta divinidad no sería sino otra más de las encarnaciones de la antigua Gran Madre del mundo prehistórico, la misma que se encarnó en la diosa Cibeles y a la que ya hemos hecho referencia en este blog.  

Es significativo que en la tierra de Nubia, de donde procede nuestro templo, el culto a Isis se mantuviera vivo durante siglos sobreviviendo tanto a la cristianización como al Islam.  Cargando dicha región con un halo de Misterio.

Quizás lo mismo ocurra en Madrid, donde entre Cibeles e Isis y el Templo de Debod, la capital de España queda como enmarcada por dos símbolos de lejana y honda trascendencia. Símbolos de ese universo encantado y mágico que podemos recorrer a través de leyendas, lugares, plazas y edificios de nuestra ciudad, para los que la mirada misteriosa de Cibeles y el recuerdo de la oscura Isis, no son sino pistas de ese umbral nunca del todo sellado que guarda la maravilla… 

¿Dónde está el templo de Debod?

Madrid encierra una enorme contradicción: por un lado, es una moderna y efervescente capital europea; por otro, la antigua diosa Cibeles, la gran madre mitológica del arcaico mundo mediterráneo, se ha convertido en símbolo de la ciudad…

Detengámonos por un instante en esta curiosa paradoja. Observemos así la estatua de la diosa… Majestuosa y Solemne… Subida a un carro tirado por Leones, coronada como reina, mientras las aguas parecen fluir en torno suyo como si la fuente que adorna con su figura, no fuera sino un manantial que a su sola presencia emerge.

Dirijamos nuestra atención a todo lo que rodea a la mítica diosa: el edificio de correos -sede actual de la alcaldía de Madrid; el Banco de España, la Casa América o Palacio de Linares y el Palacio de Buenavista, cuartel general del Ejército. Y claro está, los coches, los semáforos, la gente, las prisas… la frenética vida de nuestro tiempo… Todos ellos elementos que podrían distraer nuestra atención y hacernos olvidar quien reina realmente aquí, impasible frente a la Modernidad…

Y es que la diosa Cibeles, antes de constituirse en símbolo de la ciudad de Madrid ha sido una de las grandes diosas de la Humanidad, la Gran Madre, engendradora del misterio de la vida.

La construcción de La Cibeles

La fuente de Cibeles se terminó de construir en 1782; en pleno apogeo de los ideales Ilustrados del siglo de las Luces. Eran tiempos de renovación ideológica en la que los códigos estéticos viraban hacia el neoclasicismo.

Las grandes capitales europeas competían en una alocada carrera de modernidad y a la llegada del alumbrado público o el adoquinado de las calles, le acompañaba el embellecimiento de las ciudades con emblemáticas esculturas y majestuosas puertas. En Madrid, la Cibeles, Neptuno o la Puerta de Alcalá, configurarán ese universo estético de la Ilustración que, llegada de la mano del rey Carlos III, anunciará la entrada de España en una nueva fase histórica.

Para realizar el conjunto escultórico, Diseñado por Ventura Rodríguez fueron cincelados cerca de diez mil kilos de mármol y piedra. No deja de resultar paradójico que los ideales de racionalismo y ciencia que exhibe la Ilustración a través de esta bella estatua, sean encarnados por aquella que es símbolo de un mundo preternatural y telúrico del que la razón, poca cuenta puede dar…

Cibeles Madrid

Y es que en Cibeles, tenemos a la gran diosa madre de los tiempos prehistóricos, símbolo de temibles fuerzas de la naturaleza que desbordan a la criatura humana, principio cósmico femenino en cuyo seno se reproducen inagotables los infinitos ciclos de vida y muerte.

No en vano ella es la sucesora de las Grandes Diosas Madre del Mediterráneo: Gea, Deméter, Rea o la egipcia Isis, figuras siempre asociadas a la idea de un poder temible y misterioso. El poder de la Diosa del Mundo Oculto que subyace secreto, bajo nuestros pies.

La Modernidad sigue pasando apresurada junto a Cibeles, cuya mirada pétrea contempla con la indiferencia de los dioses, la pequeñez de la vida humana.

Ella sabe que nosotros, muchas veces, nos hemos postrado temerosos a sus pies. Ella recuerda cómo  se castraban sus sacerdotes en delirantes ceremonias, donde se manifestaba su adoración por la Gran Diosa Madre…

El hombre moderno vive en un sueño profundo del que tiene miedo de despertar. Un sueño en el que es señor de la realidad, dueño del mundo.

Cibeles nos arranca de ese sueño, nos devuelve a nuestra condición de niños primigenios, frágiles criaturas que observan con maravillado espanto el poder de los espíritus del Mundo.

Te proponemos que la Gran Diosa guíe tus pasos por Madrid y te muestre la realidad oculta de la capital de España. Pues quizás este Madrid moderno no es el auténtico Madrid y el misterio no ha sido todavía desterrado para siempre de este lugar…

La plaza de la Encarnación es un lugar lleno de encanto en el que todavía se respira el sabor del viejo Madrid. Ante nosotros comparece el convento que da nombre a esta plaza. En su interior, conservada como un tesoro de otra de era, encontramos una maravillosa reliquia que mantiene viva la creencia en un inexplicable prodigio que año tras año, desafía a la razón. 

Prodigio que nos habla del misterio de la Encarnación al cual se consagra este convento. Misterio fundamental del catolicismo que nos relata cómo la voluntad divina se manifestó a través de la naturaleza humana de Cristo. La palabra de Dios se hizo carne, la materia se convirtió en el receptáculo de lo sagrado para vivir eternamente. 

La iglesia y el convento de la Encarnación, se levantaron en tiempos de Felipe III conforme a los designios de su esposa, doña Margarita de Austria, siendo en principio una institución que  acogería a damas de la más alta nobleza. Éstas, fueron conocidas desde entonces en Madrid como “las margaritas”.

La historia cuenta que la construcción del edificio fue impulsada por la reina en conmemoración por la expulsión de los moriscos, ordenada por su esposo Felipe III.

Se sabe, que el convento poseía un pasadizo secreto a través del cual los propios reyes podían visitarlo inadvertidamente.

En 1960, en la plaza exterior de la iglesia, se instaló una estatua de Lope de Vega, insigne fénix de las letras españolas…    

Pero fijémonos en las severas líneas del edificio y su sobria fachada  de estilo herreriano; en la rotunda austeridad de sus formas. Por un momento parecería que estamos más frente a una fortaleza, que ante un convento. Quizás sea así, pues algunos tesoros necesitan ser especialmente guardados, cobijando en su interior, valiosas realidades materiales que nos comunican con lo divino.

Este enclave, es conocido en toda la “Cristiandad” por el extraño fenómeno, para algunos milagroso, que viene sucediéndose aquí cada 27 de Julio desde hace más de 400 años.

Coincidiendo con la festividad de san Pantaleón, la sangre del santo, recogida como reliquia en una pequeña ampolla, se licua por sí sola sin aparente explicación. Finalizada la celebración, retorna paulatinamente a su estado original.

¿Quién es San Pantaleón?

Pero conozcamos primero quien es san Pantaleón. La tradición cristiana nos cuenta que siendo médico del emperador romano Maximiano, sanó por medio de la oración a un niño moribundo al que había mordido una víbora. La sanación le confirmó en su Fe llegando a plantarse frente al emperador para hacer una decidida defensa del cristianismo. El césar le conminó a abjurar so pena de muerte, y nuestro santo, como no podía ser de otra manera, se entregó alegre y confiado al martirio.

Trataron entonces de matarle con fuego, con plomo fundido, ahogándole y arrojándole a las fieras, pero en todos los casos salió ileso milagrosamente, como si estuviera protegido por la gracia divina.

Finalmente Pantaleón, permitió que lo decapitaran y su sangre derramada por amor a Dios, fue recogida por fieles cristianos que la guardaron en distintas ampollas.  Una de ellas, recalaría siglos después a Madrid…. En 1611 la ampolla con la sangre del santo llegó aquí de mano del virrey de Nápoles Don Juan de Zúñiga, quien la recibió del mismísimo papa Paulo V.

Ya desde esos primeros momentos comenzó la extraña licuación de la sangre del santo.

Cada año, la tarde del 26 de julio, comienza el prodigio que tiene su apoteosis el 27, día del propio san Pantaleón. Lo increíble es que este extraordinario acontecimiento, sigue ocurriendo a día de hoy como un proceso físicamente visible. El contenido de la ampolla nunca ha sido analizado. El día que así ocurra puede ser que surja una explicación científica, pero hasta que así sea, no podemos dejar de manifestar nuestra perplejidad por este maravilloso fenómeno.

Por otro lado se sabe que en 1724, 13 enjundiosos expertos en medicina y teología, estudiaron en profundidad el caso de la sangre de san Pantaleón, confirmando de manera indubitable su veracidad. Posteriormente, en 1989 se hizo un estudio espectroscópico del contenido de las ampollas, y los resultados señalaron la presencia de hemoglobina dentro de las cápsulas. Lo que de nuevo obligó a los investigadores a dejar entreabierta la puerta al Misterio… 

Puede ser así que aquí, en el Convento de la Encarnación, custodiados por el hermetismo que le confieren la clausura y la vida conventual, pudieran permanecer milagros y maravillas ajenos por completo al escéptico mundo moderno que habitamos.

Escepticismo que merma cuanto más sabemos acerca de este fenómeno. Se ha documentado que los únicos años que no se ha producido la licuación de la sangre siempre han coincidió con terribles catástrofes. Uno de esos aciagos momentos fue precisamente el año que estalló la Guerra Civil española.De alguna manera, el milagro que acontece con la sangre de san Pantaleón forma parte del misterio de la Encarnación. El impulso divino penetró en la materia para, a través de ella, encontrar un canal en el que revelarse ante los hombres y mostrarles un mundo de santidad más allá de lo terrenal…     

Llamaremos Tradición a la Verdad Universal y Perenne transmitida desde los tiempos primordiales a la humanidad y que toma forma en diferentes doctrinas o tradiciones históricas.

El fondo último de la Tradición es la Realización Metafísica o Identidad Suprema, en la cual se supera la distancia y distinción entre “el Creador” y “la Criatura”, y éste último hace suya en virtud del “Espíritu” la Eternidad. Siendo entonces que se religa con el Principio Supremo que yacía latente en su alma como simple “chispa”, y conquista la divinización de su Ser.

La Iniciación, entendida como este proceso de transmutación interior y divinización, es el centro fundamental de la Tradición y por ende del Esoterismo. Y a través de ella se plantea la posibilidad del despertar efectivo y práctico de la dimensión Sobrenatural del alma humana. La dimensión meramente humana, natural, contingente, psíquica y telúrica del Hombre esta llamada así por el esoterismo, a ser superada

Llegado el Kali Yuga o Edad Oscura -nuestro época- se negará primero la posibilidad de dicha Iniciación mediante la exageración de los efectos del “pecado original” y la reducción del Hombre a mero compuesto de cuerpo y alma sin “chispa divina” o Espíritu en su interior que le pueda elevar. Después y en segundo lugar-ya en época contemporánea-se negará todo lo que no sea objetivable en términos cientificistas propios del empirismo más profano. Arribamos entonces a los paradigmas materialistas del Mundo Moderno. En éstos, la dimensión Sobrenatural se nos escamotea totalmente y solo nos queda la finitud y contingencia material, y por ende la búsqueda siempre provisional y nunca satisfecha del “bienestar” y la “felicidad”.

Privados de la aspiración Iniciática de nuestros ancestros, el recuerdo de su pensamiento mágico en antiguos mitos y cultos hoy casi perdidos, es brújula en el laberinto…

El ser Humano en la Tradición Esotérica

La Tradición Esotérica distingue en el ser Humano tres planos o niveles de realidad y ser: El Espíritu, el alma y el cuerpo. La clave de esta distinción radicará en su concepción del alma como cuerpo intermedio entre nuestra mera Physis-o soporte material fisiológico: el cuerpo-y nuestro Nous o Intelecto Superior. Es decir el Espíritu propiamente dicho: el Principio Supremo en nosotros.

El alma es así la Psyché, y desde ella estaríamos llamados a elevarnos a dimensión sobrenatural insita en nosotros, e imperar sobre nuestra mera dimensión natural y pulsional del sustrato físico y corporal. Dicho camino de “elevación” es la esencia de toda vía auténticamente espiritual y tradicional.

El Espíritu y conforme a esta concepción del Hombre, sería similar al atman del hinduismo, o “chispa divina” de determinado esoterismo cristiano, y se configuraría como el Centro superior, celestial y metafísico de la persona. Centro que el Hombre de la Tradición estaría llamado a conquistar para así arribar a su propia Trascendencia e Identidad Suprema. Dejando entonces atrás su mera humanidad terrena, natural y telúrica.

Este Centro Sobrenatural del Hombre debe ser conquistado conforme a un arduo camino y disciplina. Conforme a una ardua lucha interior contra nuestra Psique rebelde y egótica que apegada a sí misma, se ve atrapada sin saberlo por las cadenas ocultas del inconsciente. Este camino y lucha es propiamente la Iniciación…