Enclaves de la España Mágica: Ulaca
Ulaca

El castro celta de Ulaca es uno de los más emblemáticos asentamientos de la Hispania Céltica que hoy podemos visitar. Ubicado en la sierra de la Paramera, en el valle de Amblés, cerca de la ciudad de Ávila, es por su tamaño, la fuerza y personalidad de su paisaje y enclave, y los restos arqueológicos que atesora, un lugar a reseñar en la geografía mágica de España.

Vinculado a los celtas vetones, que ocuparon las tierras de la actual provincia de Ávila, pero también amplias áreas de Salamanca, Cáceres, y parte del Toledo mágico, es un claro ejemplo de los poblamientos célticos del interior de España. A mitad de camino entre la cultura propiamente castreña del noroeste, y las ciudades celtibéricas del noreste de la Meseta, en tierras de la actual Soria. Con Numancia a la cabeza.

En todo caso lo más emblemático de Ulaca será su altar ruprestre y los restos que quedan de su sauna iniciática, asociada a la fratrías guerreras del mundo céltico. Un altar de sacrificios excavado en la roca, y una sauna de iniciación guerrera donde a base de baños de vapor y el calor más extremo, los neófitos superarían las pruebas de purificación, resistencia, y valor que los hacía merecedores de ingresar en las hermandades guerreras de la comunidad.

El altar, en el que aparte de ganado, se harían sacrificios humanos de prisioneros de guerra; conserva los escalones que ascendían a lo alto de la roca así como las cazoletas donde la sangre de las víctimas sería recogida y ofrecida a los dioses. A día de hoy, de la grieta que se abre en lo alto del altar, ha surgido un pequeño roble. Árbol sagrado en la tradición celta y que a modo de símbolo del pasado espiritual del lugar, parece haber tomado arraigo en el antiguo altar de sacrificios, como recuerdo de sus antiguos habitantes.

La sauna iniciática, y con esto queremos decir, vinculada a las prácticas rituales mediante las cuales los neófitos superarían temores y apegos, y despertarían por decirlo así, a su “fuerza interior”. A un estado del alma desapegado y más allá del miedo a la vida o la muerte, listo para la guerra, será un enclave apasionante no ya para los estudiosos de la Hispania Céltica, sino en general para cualquier estudioso del mundo de la Tradición.

La práctica ritual vinculada a los baños de vapor, a la idea de purificación mediante el calor, incluso en ocasiones referida al calor extremo y a la imperturbabilidad ante éste, es práctica conocida en no pocas sociedades guerreras del mundo premoderno. Y es ahí donde debe ubicarse la interesante sauna castreña que encontramos en Ulaca.

Los jóvenes de la comunidad, aspirantes a empuñar la lanza y el escudo, en nombre de su gente y bajo la égida de los dioses de la guerra,  deberían enfrentarse a distintas pruebas iniciáticas mediante las cuales, su edad bisoña y tierna, debía quedar atrás. Para alumbrar entonces una hombría superior, hecha de presencia de ánimo y coraje, de valor sin tacha y desapegado, más allá de toda dificultad o temor mundano.

A pesar del paso de los siglos, la sauna castreña de Ulaca conserva aún parte de su estructura origial e impresiona llegar allí y poder sentarse en el mismo banco de piedra, en el que se sentaron los jóvenes iniciados en la magia guerrera de las mannerbünde

Es como acercarse a las ruinas todavía evocadoras de las culturas heroicas y de pensamiento mágico que en la Edad del Bronce y sobre todo en la Edad del Hierro, dieron lugar a la Europa de los Bárbaros. De celtas y germanos. De vetones, arévacos, y lusitanos. De Viriato o de los guerreros cántabros…

Un enclave así imprescindible, en la geografía mágica de España.   

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